Apenas abulta.
Sólo pasean sus rizos
de trigal de principito
levantando su mano que no alcanza
hasta mí,
y me duele ya sólo cogerle sus deditos
y mantenerle su mirada necesaria
de saber cosas conmigo.
Le gusta ir a por cuentos con colores
y me coloca las piernas abiertas
para meterse dentro y señalarme
aquello que quiere que nombre.
Me provoca también
para que le dé mordiscos tiernos
(en el brazo)
y él se ría de mi pelo ausente o presente
según marchen las normas del afeitado.
Le rasga mi cara pero jamás se aparta.
Se me junta y aprieta con la otra mano
para que ni un trozo de mí se le escape.
Corre al verme.
Hacia mí o en mi contra,
según precise calor o juego.
Cada noche quiere bañarse conmigo
y echa agua fuera de la bañera
con su hipopótamo verde
mientras
con su manita restriega gel en mis hombros.
Le gusta asustarme pero no que me asuste
y pasa su mano tibia por mi cara
para consolarme
y su caricia tiene la consistencia
de un copo de nieve.
No sabe parar de jugar
Ni tengo pensado enseñárselo.
Prefiero que llore cuando
le aparto de sus juegos
antes de que entienda
ese concepto
(tan cercano a nosotros)
que es la renuncia a las cosas que queremos.
Apenas abulta
Publicado por Don Nadie en 1:59
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